La mayoría de pueblos de la Terra Alta y la Ribera d’Ebre adquirieron naturaleza jurídica gracias a los caballeros del Temple, los monjes guerreros de las Cruzadas a Jerusalén. La orden religioso-militar templaria destacó muy pronto por su disciplina y austeridad, que contrastaba con los usos establecidos en Roma. En el aspecto económico, su empuje los convirtió en los grandes banqueros de Europa y de Occidente. En las comarcas del Ebro, su presencia se dejó notar en una artesanía variada y en la diversificación de los cultivos, haciendo prosperar la agricultura.
No hay que extrañar, por tanto, que su roja cruz levantara admiración y suspicacia a partes iguales. Enfrentada al poder papal, la Orden de los Templarios fue aniquilada hace casi 700 años.
La arquitectura templaria ha dejado grandes ejemplos en la Ribera d’Ebre y la Terra Alta, con el convento de San Salvador en Horta de Sant Joan, la ermita de Berrús o el castillo de Miravet, donde los monjes guerreros defendieron a muerte su honor.